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La Contrafort 2019 – Mtb Challenge Series

23/10/2019

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Llegó el día esperado, la primera de las Mtb Challenge Series by Klassmark, y al lado de casa, La Contrafort 2019.

Amanecía el día feo, había estado lloviendo toda la noche y chispeaba cuando me levanté. La previsión era muy mala durante todo el día pero ya que estábamos cerca íbamos a ir igualmente y decidiríamos sobre el terreno.

 

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Estábamos muchos en la misma situación, a ver qué hacemos. Va pasando el tiempo y sigue sin llover. Buena señal.
Nos preparamos y salimos a rodar, por eso de calentar piernas antes de la salida.

 

A las 9am en punto arranca la carrera. Nos habíamos puesto algo atrás para evitar la presión y los nervios de la salida. La carrera ya te coloca en tu posición natural por muy adelante que salgas. Los primero cuatro kilómetros eran pisteros con la idea de estirar bien el pelotón y que no hubiesen tapones al iniciar los senderos. Ahí es donde vas adelantando y te van adelantando.

 

No pasa mucho rato cuando empieza la fiesta. Sendero de palmo con raíces hacia arriba. Mmmmm… A esto hemos venido…
Algún que otro pie a suelo perdiendo posiciones por ir muy pegado a la rueda de delante o por coger mala trazada pero nada que no se salvara al llegar al enlace de pista.

 

Al principio me notaba que iba medio frenado, a medio gas, esperando a Oliver ya que corríamos en equipo pero eso cambiaría hacia el final de carrera, nos complementamos bien. Nos complementamos bien, Yo le aprieto a no bajar la guardia al principio y él me estruja al final cuando me llegan las crisis.

Pasamos el bosque de Fornots, subimos hasta el Pla del Badó, cruzamos St. Quirze Safaja, alternando pista sólo para llegar a otro sendero, tanto de subida como de bajada, y con un terreno rocoso y nada cómodo, sumado a un perfil de sierra totalmente rompedor llegamos al primer avituallamiento donde paramos a comer y beber sin prisas. Llevamos 21km, algo más de hora y media, y la sensación de llevar tres horas perdido entre bosque.

 

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Continuamos, no hay grandes subidas pero es tan continuo el sube/baja que la sensación que recordamos es de estar subiendo constantemente. Eso sí, las bajadas suelen ser por senderos espectaculares que de dejan una sonrisa bobalicona en la cara y algún tramo trialeroso que en seco se podría hacer fácilmente pero en este día húmedo y con la roca y raíces mojadas mejor no arriesgar a ver el suelo de cerca. Además, yo ya venía tocado de una caída la semana anterior y no quería (ni podía) jugármela.

 

Sobre el km30 llegamos cerca de Castellterçol, lo vemos a lo lejos, conozco el camino (aunque me queda algo lejos es mi zona de entreno) pero a la que nos damos cuenta nos desvían otra vez hacia bosque. Un par de kilómetros más subiendo el Coll de Mosca llegamos a la Cruz de St. Fruitós, curioso encontrártela ahí en un claro en medio de la montaña. Desvío a la izquierda y sendero hacia abajo (sonrisa en cara, dolor de brazos), cruzamos la carretera y de vuelta al bosque. Empiezo a notar un vacío en el estómago pero justo llegamos al segundo avituallamientos situado en el km37. Un par de vasos de Coca-cola y un buen puñado de ositos de azúcar. Continuamos.

 

Llevábamos más de la mitad de la carrera, 2h40’ y más de la mitad del desnivel, es decir, mi cabeza ya iba restando. Quedaban 21km y 600m de desnivel. - Ya está. Lo tenemos hecho! – Me iba repitiendo. Pero nada más lejos de la realidad.

Km40 y me noto fundido de piernas, brazos destrozados, las pulsaciones por la nubes y no podía seguir el ritmo de mi compañero Oliver. Crisis, Pájara, Tío del Mazo, llámalo como quieras pero me había llegado.

 

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Me tomo un gel y pronto noto mejoría, las pulsaciones bajan al ritmo anterior, ya no hay tanta fatiga pero el dolor lumbar que arrastraba de la caída de la semana anterior llegó para quedarse, los brazos sufren y el terreno rocoso y no llevar bici de doble suspensión tampoco ayuda pero oiga, Oliver y yo con rígidas metíamos distancia bajando a corredores con dobles que nos iban persiguiendo. La flecha ayuda mucho pero no hace al indio.

 

Con más pena que gloria llegamos al tercer y último avituallamiento situado en lo alto del Coll de St Julià d’Úixols con 50km y 1600m de desnivel acumulado. Mi cabeza iba haciendo sus cálculos pero según los datos oficiales (aprox. 60km – 1600m) una de dos o quedan diez kilómetros de bajada o nos han colado más desnivel.

Tras reponer algo de fuerzas en el avituallamiento continuamos, y sí, aunque el perfil sea tendencia hacia abajo, la sensación del terreno era la contraria. Íbamos bajando, sí, pero de golpe te encontrabas un duro repechón que te mataba (y con mi dolor de lumbares más).

 

Estamos muy cerca de meta, sobre el km55, y llevamos a un par de corredores con los que hemos estado jugando al ratón y al gato durante toda la mañana pegados a rueda. Al entrar al último sendero de bajada los escuchamos cerca. Nos lanzamos a nuestro ritmo pero el terreno da para ir muy rápido, con el grip perfecto, con mucho flow. Sonrisa de oreja a oreja disfrutando a lo grande. Ideal.
Salimos del sendero y miramos atrás a ver por donde iban pero nada, ni los vemos ni se les oye.
Llegamos a Sant Feliu de Codines de nuevo, unos últimos metros subiendo por las calles del pueblo y entramos a meta.

 

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Con 4h 12’ (4h06’ de pedaleo) 58.7km y 1684m de desnivel.

 

 

Pero lo más importante ya no es el tiempo en esta sino que es la primera finalizada de las cuatro Mtb Challenge Series.

 

Próxima parada: Sa Costa Brava el 3 de noviembre en Palamós.


SALUD Y PEDALES.

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