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Orbea Cadi Challenge 2018 by Iberobike

18/06/2018

http://www.iberobike.com/cronica-orbea-cadi-challenge-2018/

https://www.youtube.com/watch?v=-o2quYXK91A

 

Segunda edición de la Orbea Cadí Challenge y orgulloso de poder decir que es la segunda vez que la corro y gracias a Iberobike. Más que una carrera cualquiera es pasar un fin de semana de bici, despreocupado y en alta montaña.

El año pasado me tocó ir sólo y sin conocer a nadie pero éste, a parte de que habían más corredores, iba acompañado de un amigo y sabía que me encontraría a unos cuantos más allí.

7:30am. Tras el madrugón y el viaje llegamos a Guardiola de Berguedà para recoger dorsales.

Dos etapas por delante, 250km y 5500m de desnivel. Vamos, que no es un paseo. No sé qué tiene la Orbea Cadí Challenge pero todo el que va, repite.

Etapa 1 – Guardiola de Berguedà – Bellver de Cerdanya. (125km, 3200m D+)

En resumidas cuentas sigue siendo tal y como la recordaba, dura de narices. Para sacar más de tres mil metros de desnivel sabes que te vas a encontrar buenos muros.

Y así fue, nada más salir, doscientos metros y el primer puerto. Coll de Subirana con casi 500m de desnivel salvados en menos de ocho kilómetros donde se te calientan de golpe las piernas. Oliver y yo salimos tranquilos, sin entrar en el juego de intentar mantener el ritmo del pelotón de cabeza aunque los teníamos a tiro y pareciera que no se iban pero éramos conscientes de que no estamos entrenados en largas distancias y podía pasar factura después.

Y todo lo que sube, baja. 5 km de carretera ratonera entre árboles donde a pesar de bajar más rápido que el año pasado me encuentro tenso y con miedo de caída por el estado del asfalto. No dejan de ser carreteras muy secundarias que acaban cubiertas de nieve en invierno y eso les pasa factura pero les da ese toque especial.

Pasamos por La Pobla de Lillet donde empieza el puerto más largo de la jornada. Coll de la Creueta con 21km salvando 1000m de desnivel y rozando los 2000m de altitud, con una pendiente media del 5% y máxima del 14%.

El más temido por la mayoría pero con todos mis respetos, sin quitarle mérito y conociendo lo que vendría, lo peor estaba por llegar.

Lo que está claro que es que quitadas un par de rampas duras es bastante llevadero y cuando estás coronando, las vistas son espectaculares.

Ya llevamos 50km con más de la mitad del desnivel de la etapa y ahora toca bajar. Por temas de corte de carretera se varía un poco el trazado respecto al año pasado y nos hacen bajar directo por La Molina(pistas de esquí) y Masella hasta llegar a Alp donde enlazamos con un par de kilómetros llanos donde ya podemos ver carteles con lo que queda hasta Bellver de Cerdanya (ahí empieza el juego psicológico).

Llegados a Prats nos hacen girar para hacer otro mini puerto hasta Urús. No es gran cosa pero son metros de desnivel que se van cargando en las piernas.

Seguimos bajando hasta completar el bucle y volver a la carretera de antes y cruzar Bellver. He ahí el juego psicológico que comentaba antes. Cuando crees que ya se ha acabado porque sabes que la meta está en Bellver, aún te quedan 40km y un duro puerto por delante. Yo ya lo conocía y se lo fui avisando a Oli para que no le diera el bajón que me dio a mí el año pasado.

Como decía antes, la gente temía a la Creueta pero para mí era peor el que venía ahora. Ya vas muy cargado de piernas, con los ánimos bajo mínimos porque pensabas que ya se acababa y tienes por delante el puerto de Prullans, unos diez kilómetros y con pendientes de hasta 10%.

A pesar de todo, de la dureza de las etapas, de los fuertes muros que no solemos encontrar por la zona donde entrenemos, del cansancio, de los amagos de rampas, todo eso se te olvida cuando ves los paisajes que te rodean (aunque muchas veces no puedas mirar más allá del asfalto y tu rueda delantera).

Con la transmisión que llevo tenía que afrontar esas fuertes pendientes a mi ritmo, tirando de mucha fuerza y falta de cadencia por eso me alejaba unos metros de Oli. Después, a la que suavizaba la pendiente me dejaba cazar y otra vez juntos. No me hubiese servido de nada tirar a saco desde el inicio porque hubiese muerto mucho antes. El ir “entre comillas” esperando a mi compañero (e insisto en eso de “entre comillas” porque yo no es que fuera relajado aunque me quedaba algún cartucho extra) me sirvió para no derrochar fuerzas innecesarias en zonas rodadoras y poder afrontar bien los muros (pendientes superiores al 10%) que nos íbamos encontrando muy a menudo.

Una vez coronado el puerto de Prullans toca volver a bajar, pasando por Lles donde nos cazan los paparazzi.

Un pueblo precioso típico de alta montaña, adoquinado y con pendientes de infarto. Pararos a pensar cómo debería ser de inclinada la calle cuando tenemos que poner postura de betetero, CULO P’ATRÁS!!!

Y llegados a la carretera de nuevo, sigo tenso por el asfalto roto y bacheado, además ya estáis viendo las nubes que venían y las cuales dejaron caer unas cuantas gotas. No demasiadas pero las justas para refrescarnos y poner ese puntito resbaladizo al asfalto. Me llevo un par de sustos en un par de curvas cerradas porque noto que la bici no me frena pero a pesar de todo me marco PR en ese tramo. También hay que decir que no llevaba los frenos en sus mejores días tal y como comprobé al siguiente, pero eso vendrá después.

Llegamos a Martinet acabando el bucle y de vuelta a la misma carretera de antes, pensamos que ya sería llaneo de vuelta a Bellver pero no, viene la última encerrona del día (que ya recordaba y me esperaba). Curva a derechas y dos kilómetros más de subida al 7% hasta Montellà, seguidos de un continuo sube/baja hasta llegar a meta pensando sólo en la cerveza que nos íbamos a cascar.

Entramos los tres juntos, Oli y yo desde el inicio y Xavi que acogimos como uno más después de adelantarnos un par de veces desde La Molina y ver que llevábamos un ritmo parecido. Después de estar más de media etapa rodando juntos no hubiese tenido sentido y hubiese sido muy feo no esperarlo no más de veinte segundos en la última subida a Montellà sólo por entrar un poco antes. Llamadme raro pero cuando sabes que no te estás jugando nada, qué sentido tiene pelear una posición o unos segundos extras?

En fin, así fue como entramos con un tiempo de 5h48’09”, a 1h12’ del primero, un juvenil poco conocido llamado Ibon Zugasti.

Tocaba reponer fuerzas.

Tras beber y comer hasta hartarse volvemos a subirnos a la bici para ir hacia el albergue La Bruna donde pasaríamos la tarde-noche y desde donde saldría la etapa 2.

El descanso del guerrero” pero tras poner al día las rrss y las cuatro llamadas de rigor tocaba ponerse las pilas. Viendo la previsión de lluvia para el día siguiente y recordando las bajadas que nos esperarían decidí cambiar las pastillas de freno (y limpiar toda la mierda de la pista de frenada porque…)

Sin duda era el motivo por el que bajaba tan tenso, no me frenaba la bici. Comprobé la diferencia al día siguiente, incluso con la lluvia.

Pero mientras Oli y yo estábamos trabajando en dejar las bicis a punto, arriba, en el hall del albergue estaba el conocido saxofonista (y corredor también) Llibert Fortuny dando un pequeño recital.

Etapa 2 – Bellver de Cerdanya – Guardiola de Berguedà. (103km, 2000m D+)

Se adelantaba la salida para evitar una hora más de lluvia ya que la previsión era bastante mala, y la sorpresa vino cuando dijeron que habían quitado el último puerto del perfil, Coll de Pradell que deberíamos subir por la vertiente fácil pero lo que me daba miedo no era subirlo sino bajarlo, con sus largas rectas a más del 20% de inclinación. Recuerdo el año pasado que en seco iba acojonado por no salir volando por delante de la bici y con dolor de manos de apretar tan fuerte los frenos e incluso así apenas frenar la bici… No me quería imaginar la escabechina que se formaría con el asfalto mojado por la lluvia que se preveía.

Igual que el año pasado, salimos desde la puerta del albergue en dirección a la Seu d’Urgell de forma neutralizada y para evitar los nervios de todos los que quieren ponerse delante, Oli y yo nos quedamos a cola de pelotón más tranquilos (total, no nos estamos jugando nada). Una vez en la carretera vemos que se estaba estirando mucho el pelotón e incluso haciéndose algún corte, y decidimos apretar para acercarnos un poco.

Casi 30km de bajada a ritmo tranquilo que pensábamos que servirían para calentar piernas pero tal y como nos dimos cuenta después, no fue así.

Empezamos la etapa de verdad, empezamos a subir, Coll de la Traba. Como todo, sobre el papel no parece nada pero ya venimos cargaditos de la etapa del día anterior y aunque yo iba algo más fresco me quedo junto a Oli que está mucho más encartonado que yo. Insiste en que me vaya a mi ritmo pero no, “arrancamos juntos, acabamos juntos”.

Al coronar nos espera un avituallamiento donde nos volvemos a poner finos de comer y beber lo que nos entra. Es otro detalle que marca a la Cadí Challenge, que en los avituallamientos hay de todo y no falta para nadie.

Toca bajar…

Por delante nos esperaban casi veinte kilómetros de bajada con alguna subidita corta donde comprobé que lo que me fallaba del día anterior eran los frenos. Obviamente no soy Sagan pero controlaba mucho mejor la bici, iba más cómodo, trazando curvas con seguridad a pesar del asfalto húmedo. Otro mundo.

Como ya he dicho anteriormente, la previsión meteorológica era muy mala. Pintaban lluvias desde las seis de la mañana lo mirase donde lo mirase pero por ahora nos estábamos librando. Buena temperatura sin el agobio del sol pero con nubarrones negros amenazantes constantemente. Ya veis las fotos.

Llegamos a Tuixent, idílico pueblo románico muy visitado por sus pistas de esquí nórdico. Ya tenemos hecho un pico del perfil de la etapa, vamos a por el segundo, Coll de Josa. 13km de puerto por delante con los últimos dos kilómetros los más duros. Por suerte las piernas van carburando y podemos aumentar algo el ritmo sin quemarnos y con el simple objetivo de acabar. Vamos sumando metros (tanto de distancia como de desnivel) y cazando gente que se van sumando al grupo. Acabamos siendo un mini pelotón de cinco o seis pero llegados al último tramo con las pendientes más duras del 10% nos acabamos escapando.

Km73. Coronamos y toca volver a bajar, unos tres kilómetros hasta llegar a Gósol.

Ahora sí, empieza a llover. Una lluvia fina al principio pero cuando llegamos al avituallamiento situado en este pueblo aumenta la intensidad y notamos una bajada de temperatura. Toca abrigarse. Hasta ahora íbamos de corto-corto, pasamos a añadir manguitos y chaleco (Oli llevaba camiseta térmica interior) que aunque calaran igual al menos mantendrían algo más el calor corporal. Y sí, ahora tenía sentido la capota del casco, había valido la pena el sudar más de la cuenta por la falta de ventilación. Ahora iba mucho más cómodo sin todos esos chorreones de agua corriéndote por los ojos.

A lo que iba, salimos de Gósol y tenemos por delante unos kilómetros de falso llano. Pongo el Modo Locomotora y procuro que Oli no se descuelgue. Es lo que entreno en rodillo, mantener ritmos altos continuos y los cartuchos no gastados durante estos dos días tocaba gastarlos ahora tirando con fuerza y con mi compañero escondido a rueda, tipo gregario/jefe de equipo.

El asfalto es bueno y vamos pasado algunos corredores que se suman al trenecito. No me preocupo en mirar si se quedan o no pero supongo al ver la foto de a continuación que se van descolgando.

Pasamos por el desvío que nos llevaría a hacer el Coll de Pradell mencionado al principio, y con la que estaba cayendo es una decisión totalmente acertada haberlo quitado. No era necesario poner en riesgo a corredores por meter un poco más de desnivel. No somos profesionales y aquí, todos, el lunes tenemos que ir a trabajar.

Km86. Pasamos por Saldes, a los pies del Pedraforca, y encaramos la última subida del día. Tres kilómetros de subida tendida al 4% de media donde no quitamos el plato grande pero con las fuerzas justas después de lo vivido, he ahí las caras de sufrimiento (foto anterior).

Sigue lloviendo con fuerza, el día está gris plomizo, hay poca luz, el asfalto está igual que nuestras zapatillas, totalmente encharcado, pero aunque parezca mentira y fuera de toda lógica me siento cómodo y confiado bajando. Me había puesto la pantalla del mapa en el gps para ver cómo era la curva siguiente, si muy cerrada, si abierta, a derechas, a izquierdas. También un punto a favor era ir delante y no a estela como Oliver que según me dijo después iba midiendo la distancia por el bulto que llevaba delante (es decir, yo) porque no veía nada de la estela de agua que levantaba.

Íbamos bastante rápido para las condiciones y entre los corredores que adelantábamos y los que se habían retirado por las condiciones climatológicas, escalamos bastantes puestos en la clasificación de la etapa.

Entramos en meta con 4h06’47”, a 38’ del primero, de nuevo Ibon Zugasti.

Conclusión final.

34º de la general con 9h54’56” (a 1h51’ del primero) a un mundo de los mejores pero muy satisfechos por haber acabado. A secas. 228km y 5200m de desnivel, que se dice pronto. Y como se suele decir, de menos a más, controlando y dosificando fuerzas para no acabar apajarados.

Sin duda, a pesar de la dureza de las etapas, el año que viene repetiremos o en mi caso tripitiré.

Mil gracias a Orbea Cadí Challenge e Iberobike por hacer que estos pobres aficionados domingueros podamos vivir esta experiencia en primera persona.

Aquí os dejo un sencillo montaje de las carreteras de la zona:

 

 

 

GRACIAS.

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